Hoy quiero hablar de todo un señor: Tom Hodgkinson, fundador de la revista “The Idler” (el vago). El tipo es conocido en españa gracias a su libro “Elogio de la pereza”.
Aunque el tio se ha forrado a base de soltar diatribas (ingeniosas) contra la ética del trabajo, y ha pasado a engordar la lista de intelectuales ‘cool’ cuyo negocio es vender la contracultura y la revolución, su lucidez es divertida y, además, en esta sociedad todo lo lucrativo está permitido.
El muy cachondo ha logrado reunir en The Idler a la flor y nata del vaguerío, desde presentadores de TV a ex situacionistas como Raoul Vaneigem o luminarias punk como Penny Rimbaud. Para colmo, la publicación es bianual (jaja, no se herniará), y en una declaración de intenciones, reza que quiere devolver la dignidad al arte de holgazanear. Por supuesto, hay enjundia tras esta propuesta escandalosa para cualquier ‘working class hero’ que se precie, desde los pareceres de Wilde hasta la Internacional Situacionista. En principio, algunos teóricos izquierdosos, cuando todo el rollo de la industrialización y las maquinitas y la producción en cadena, defendían que el control sobre la tecnología y el tiempo liberarían finalmente al ser humano de la esclavitud del trabajo. Pobres angelicos. La producción non stop de bienes inservibles sigue a todo trapo, si bien se necesita liberar un tiempo de ‘ocio’ para que toda esa salvajada de de productos inútiles puedan ser consumidos en un contexto de sobreabundancia (que no riqueza) mal distribuida y violación (por detrás y con dolor) del medio ambiente.
“Hay que aprovechar, hay que invertir el tiempo libre”, oirán por ahí. No es un tirano, no es Bush, ni siquiera es el Gran Hermano. Es la tendera, el estudiante, el padre de familia, convencidos todos de que hay que seguir con esto. Yo mismo, si tuviera una varita mágica que me permitiera cambiar la manera en que funcionan las cosas, me lo pensaría mucho, por pura y retorcida maldad. ¿Merecemos algo mejor? Sé que es una pregunta reaccionaria. En otra ocasión le comentaré mejor otros grupúsculos con la intención de reconquistar el tiempo que están apareciendo en diversos países. Vagos del mundo, uníos.
Toda esta perorata viene al caso porque un buen amigo me ha comentado que quiere montar un blog sobre la perrería y que se va a titular ‘vago y maleante’. Ya les pondré el link cuando esté listo. Supongo que tardará. También quiere fundar el ‘Partido de la Pereza’, pero conociéndolo supongo que lo dejará para más adelante.

