Sobre las grandes masas de agua

Marzo 4, 2008

Por alguna razón, he decidido que el mundo sea más pequeño de lo que es. Tengo una concepción casi precolombina sobre América, no me importa que tengan la mejor música y los mejores escritores. Si cogiera el avión, digamos, dirección Buenos Aires, lo haría desde el convencimiento de que esa ciudad no existe. Manhattan no existe y tampoco Ann Arbor, donde dicen que tenían los Stooges la ‘Fun House’. Estados Unidos es un cuento a pachas entre Whitman y Poe para vendernos automóviles, lavadoras, microondas y otros cacharros. La Argentina es un invento de marineros beodos con ganas de mojar en el burdel. En general, América es una excusa para las brabuconadas del rey de españa.

Incluso si hubiera estado en todos esos sitios pensaría que no existen. Las favelas de Río. La Zona Cero de NYC donde los rusos tenían pensado tirar la bomba, no me jodas. Los videos colgados en Youtube de Charles Bukowski mientras pasea por L.A. y su voz en off recita ‘Dinosauria, we’: “born like this/into this…”. Ya lo he dicho, los mejores escritores, los mejores músicos. Por no hablar de los licores: el Bourbon de Kentucky, el whiskey de Tennessee, el ron cubano.

Son cosas del otro mundo, como la luna o internet. Una amiga me contó historias del Perú: de cómo la recibieron los tanques de los paramilitares en el aeropuerto, de los indios de las montañas y de la oscuridad de las cavernas infinitas de los Andes. Me dijo sobre los taxistas de Buenos Aires y sobre la nostalgia de la libertad que sintió allí.

“I think I call it America / I said as we hit land”

América, donde Nico se tiraba con acento europeo a Iggy Pop y le decía: “Shimmy oh Shimmy, debes llevar veneno dentro para hacer lo que haces”.

No sé, yo creo que tengo la peor edición de Rayuela de todos los tiempos, pero para mí es la definitiva: “un libro que llega directamente desde Buenos Aires querido. Disfrútalo tanto como nosotras hicimos de nuestro viaje”, pone en la dedicatoria. Editorial Guajiro, 2004. Impreso en Cali-Colombia. Lo vuelvo a leer y queda así, de momento, como un gatico de felpa que supiera arañar.

Pero América es una invención del gobierno, y en todo caso, queda fuera de mi jurisdicción. Creo que esto es una certeza. No es como el Mediterráneo, del que dudo constantemente, y que hace que me pregunte si cuando cierro los ojos sigue todavía allí.

P.D.: si te vas, vuelve, ¿o tendré que ir a buscarte al otro lado?

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