Adictos a la hermana morfina

Mayo 15, 2008

Mientras los bolcheviques tomaban el Palacio de Invierno, MIjaíl Bulgákov estaba en algún pueblo perdido de Rusia preparando unos chutes. Al parecer era bastante duro ser médico rural, así que se enganchó a la morfina, que no logró dejar hasta 1919. Su relato ‘Morfina’ es una especie de diario de su cuelge:

“8 de abril de 1917: Esto es un martirio”.

“9 de abril: La primavera es terrible”.

“Me inyecto morfina dos veces al día: a las cinco de la tarde (después de la comida) y a las doce de la noche, antes de dormir”

“El primer minuto: una sensación de que algo roza el cuello. Este roce se vuelve cálido y se extiende. En el segundo minuto una onda fría atraviesa repentinamente la cavidad estomacal e inmediatamente después comienza una extraordinaria lucidez en las ideas y se produce un estallido de la capacidad de trabajo. Todas las sensaciones desagradables desaparecen. Es el punto más alto de la expresión de la fuerza espiritual del hombre. Si yo no estuviera maleado por mi formación de médico, afirmaría que normalmente el ser humano sólo puede trabajar después de una inyección de morfina. En realidad: ¡para qué sirve el ser humano si la más insignificante neuralgia puede hacerle perder completamente el equilibrio espiritual!”.

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3 comentarios para “Adictos a la hermana morfina”

  1. inzivilizado Dijo:

    Punto 1. Este libro me lo has de dejar.
    Punto 2. Este lunes 19 voy a Madrid, resérvame la noche ;)

    Moraleja: Este lunes 29 me has de dejar el libro

  2. ely Dijo:

    este libro es excelente, el autor tiene una capacidad de describir muy justa, te lleva hasta el sitio, la sensacipón, etc. Es altamente recomendable, solo que si esxiste otra traduccion que no se anagrama , mejor

  3. mikke Dijo:

    ni morfina ni ostia este achis y cosas asin


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