Archivos para Agosto, 2008

Sinestesias

Agosto 22, 2008

El otro día descubrí que la voz de Leonard Cohen en Suzanne me resulta luminosa y mañanera. Hay un montón de espacio y de sol y de mar cercano. La primera vez que me desperté en Barcelona escuché esta canción y recuerdo los rayos de luz invadiendo la habitación. Me ha parecido acojonante la entrada de wikipedia sobre la sinestesia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Sinestesia

¡Hagan el test que les propone el artículo inmediatamente! Sí, sí, ese de las formas feas. ¿Qúe palabra corresponde a cada forma y color? La solución la tienen pinchando en el link. Es decir, también en el link que les pongo a continuación. Abajo está en castellano, por si no se habían dado cuenta.

http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:BoobaKiki.png

Parece (y es) muy obvio. Cualquier lector de poesía lo ha experimentado antes. Pero aun con todo me impresiona el experimento, y últimamente no me impresiona casi nada. Bueno, acabo de leer a la Santafé defendiendo a los escritores del aire junto a Vila-Matas, que la verdad es que no sé qué pensar de este señor, excepto que creo que es mejor lector que escritor, y que eso está muy bien. Reivindicar los pájaros pinto está muy bien. Minipunto para Clara, me ha gustado mucho. ¿Será la lectura un arte largamente menospreciado? Los vinos, los libros, los discos: ¿cómo se relacionan con la vida? ¿Los borrachos, lectores o melómanos son la última forma de espiritualidad? ¿Es bueno estar todo el día en las nubes? ¿Es normal escribir, como Juan Ramón Jiménez, ‘Es de oro el silencio. La tarde es de cristales azules’?

A mí me gustó mucho un libro de Ricardo Piglia: ‘El último lector’, dentro de la literatura que habla sobre literatura, lo cual es el colmo de la postmodernidad.

El Piglia defiende que el lector es casi casi un enfermo, un yonki, un ser apartado por naturaleza. Los grandes personajes de las ficciones son también grandes lectores: Alonso Quijano, Madame Bovary, Ana Karennina, and so on. Todos están como cabras. Hay que darles de comer aparte. El muy capullo se olvida incluso de nombrar en su ensayo -¡ensayo! ¡rugby olímpico ya!- a Ignatius Reilly, el más descacharrante y accidentado de los damnificados por las letras en plena yankilandia siglo pasado.

El viaje en autobús de uno de estos, de todas formas, no es normal. Estos señores/as, a veces, levantan la vista del libro que van leyendo y ven. Miran por la ventana y ven más cosas. Por supuesto, no tienen un cuaderno ‘Gran Jefe’ a mano. Y joder el momento místico intentando verter al lenguaje algo que está mucho mejor flotando dulce y melodiosamente en los limbos de su percepción pues como que no. Que cada palo aguante su vela. Compartir está bien, pero no es un oficio.

Por cierto, que queremos gran luto y condolencia y funerales de estado para los muertos en carretera.

Y disminuir la jornada laboral hasta el mero capricho o la extravagancia.

Y la paz mundial como las misses.

Y no madrugar mañana.

Y calcetines desparejados.

Y más cervezas en la nevera.

Verano en blanco

Agosto 16, 2008

(mi cortauñas; tantas veces vara de medir)

Comienzo a leer Noches Blancas, que es un relato de Dostoievski en el que un tio raro y soñador siente un gran desasosiego y no sabe muy bien porqué. En seguida se da cuenta de que es verano en San Petersburgo y todos sus habitantes se han ido al campo de vacaciones. Yo también me he quedado solo en Madrid, y después de tirarme ocho horas aburrido delante de un ordenador en el curro, lo que menos me apetece es ponerme a postear algo por aquí. Esa es una de las muchas razones por las que estoy tan ausente. El verano es para vagabundear por la calle.

Además de contarles mis penas, cosas que me gustan.

Dentro de la narrativa, me gustan mucho los cuentos, las memorias, las crónicas. La novela me gusta, pero menos. De alguna forma los géneros que he nombrado obedecen a la voluntad básica de contar una historia. Por supuesto requieren técnica, pero a lo que me refiero es que tienen una intención sana. Como los abuelos que cuentan historias por mera necesidad, aún sin saber contarlas, ante cualquier interlocutor, porque temen que si no las dicen una y otra vez es como si nunca hubieran ocurrido. Eso es humano, bueno, natural y, de alguna forma, necesario. Está muy por encima de la tontería, las normas, los críticos, las modas, las tendencias literarias, las tertulias de subnormales, etc.

Bueno, que cuando me harto mucho mucho del mundo me vuelvo rústico y se me vienen a la cabeza estas ideas. Y me está encantando Noches Blancas.

Ola de calor

Agosto 6, 2008

África es la tripa de dios, y yo bebo mi cerveza caliente en el verano asfixiante, porque una masa de aire africano ha subido como un regüeldo lacerante del creador, que, cansado de sus criaturas ha vuelto a recordar quién manda y para qué está el infierno. Aquí, Madrid 2008, agosto, la cerveza es puro meado, y la tinta de la pluma se seca. En el infierno la cerveza arde de tal manera que hasta el fuego resultaría refrescante. La tele pasa un episodio tras otro de Muchachada Nui y yo soy un animal peludo y maloliente que escribe. Me asaltan las ganas de arrancarme la piel, de mudarla como un reptil. En el infierno, dicen los de la tele, te clavan 25 euros por una copa. Debe ser la razón por la que los grandes y los poderosos de la Tierra acumulan tanto dinero. Quieren esclavizarte de nuevo en el averno. Quieren hacer negocio. Los banqueros te hipotecarán de nuevo en la otra vida: ¡toda la eternidad para pagar! Esta gente sí tiene visión de futuro. Están bien informados: leen entre líneas los mensajes ocultos de los anuncios de la madrugada.

Entre tanto el ratón roe su jaula, yo intento dormir.