
El otro día descubrí que la voz de Leonard Cohen en Suzanne me resulta luminosa y mañanera. Hay un montón de espacio y de sol y de mar cercano. La primera vez que me desperté en Barcelona escuché esta canción y recuerdo los rayos de luz invadiendo la habitación. Me ha parecido acojonante la entrada de wikipedia sobre la sinestesia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Sinestesia
¡Hagan el test que les propone el artículo inmediatamente! Sí, sí, ese de las formas feas. ¿Qúe palabra corresponde a cada forma y color? La solución la tienen pinchando en el link. Es decir, también en el link que les pongo a continuación. Abajo está en castellano, por si no se habían dado cuenta.
http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:BoobaKiki.png
Parece (y es) muy obvio. Cualquier lector de poesía lo ha experimentado antes. Pero aun con todo me impresiona el experimento, y últimamente no me impresiona casi nada. Bueno, acabo de leer a la Santafé defendiendo a los escritores del aire junto a Vila-Matas, que la verdad es que no sé qué pensar de este señor, excepto que creo que es mejor lector que escritor, y que eso está muy bien. Reivindicar los pájaros pinto está muy bien. Minipunto para Clara, me ha gustado mucho. ¿Será la lectura un arte largamente menospreciado? Los vinos, los libros, los discos: ¿cómo se relacionan con la vida? ¿Los borrachos, lectores o melómanos son la última forma de espiritualidad? ¿Es bueno estar todo el día en las nubes? ¿Es normal escribir, como Juan Ramón Jiménez, ‘Es de oro el silencio. La tarde es de cristales azules’?
A mí me gustó mucho un libro de Ricardo Piglia: ‘El último lector’, dentro de la literatura que habla sobre literatura, lo cual es el colmo de la postmodernidad.
El Piglia defiende que el lector es casi casi un enfermo, un yonki, un ser apartado por naturaleza. Los grandes personajes de las ficciones son también grandes lectores: Alonso Quijano, Madame Bovary, Ana Karennina, and so on. Todos están como cabras. Hay que darles de comer aparte. El muy capullo se olvida incluso de nombrar en su ensayo -¡ensayo! ¡rugby olímpico ya!- a Ignatius Reilly, el más descacharrante y accidentado de los damnificados por las letras en plena yankilandia siglo pasado.
El viaje en autobús de uno de estos, de todas formas, no es normal. Estos señores/as, a veces, levantan la vista del libro que van leyendo y ven. Miran por la ventana y ven más cosas. Por supuesto, no tienen un cuaderno ‘Gran Jefe’ a mano. Y joder el momento místico intentando verter al lenguaje algo que está mucho mejor flotando dulce y melodiosamente en los limbos de su percepción pues como que no. Que cada palo aguante su vela. Compartir está bien, pero no es un oficio.
Por cierto, que queremos gran luto y condolencia y funerales de estado para los muertos en carretera.
Y disminuir la jornada laboral hasta el mero capricho o la extravagancia.
Y la paz mundial como las misses.
Y no madrugar mañana.
Y calcetines desparejados.
Y más cervezas en la nevera.
