Verano en blanco

Agosto 16, 2008

(mi cortauñas; tantas veces vara de medir)

Comienzo a leer Noches Blancas, que es un relato de Dostoievski en el que un tio raro y soñador siente un gran desasosiego y no sabe muy bien porqué. En seguida se da cuenta de que es verano en San Petersburgo y todos sus habitantes se han ido al campo de vacaciones. Yo también me he quedado solo en Madrid, y después de tirarme ocho horas aburrido delante de un ordenador en el curro, lo que menos me apetece es ponerme a postear algo por aquí. Esa es una de las muchas razones por las que estoy tan ausente. El verano es para vagabundear por la calle.

Además de contarles mis penas, cosas que me gustan.

Dentro de la narrativa, me gustan mucho los cuentos, las memorias, las crónicas. La novela me gusta, pero menos. De alguna forma los géneros que he nombrado obedecen a la voluntad básica de contar una historia. Por supuesto requieren técnica, pero a lo que me refiero es que tienen una intención sana. Como los abuelos que cuentan historias por mera necesidad, aún sin saber contarlas, ante cualquier interlocutor, porque temen que si no las dicen una y otra vez es como si nunca hubieran ocurrido. Eso es humano, bueno, natural y, de alguna forma, necesario. Está muy por encima de la tontería, las normas, los críticos, las modas, las tendencias literarias, las tertulias de subnormales, etc.

Bueno, que cuando me harto mucho mucho del mundo me vuelvo rústico y se me vienen a la cabeza estas ideas. Y me está encantando Noches Blancas.

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Una respuesta para “Verano en blanco”

  1. Myrna Minkoff Dijo:

    A ti, al igual que a mí, te molan los cuentos, las memorias y las crónicas porque eres un marujo y un cotilla en potencia y un folklorista nato.
    Además, di que sí, que leer novelas es de horteras.

    beso


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