Sí, mis últimas obsesiones (confesables) son el mal y los mercados financieros. Sé que ambos son parte de la metafísica y que no pertenecen al mundo real. Sobre el mal, un penúltimo apunte, que es un poema de B. Brecht. Se cita mucho aquí a Brecht, porque se le quiere.
‘Colgada en mi pared tengo una talla japonesa,
máscara de un demonio maligno, pintada en oro.
Compasivamente miro
las abultadas venas de la frente, que revelan
el esfuerzo que cuesta ser malo’
B.B. (1942)
Como me han quitado la multa de la biblioteca por perder un Bolaño que aluego tuve que reponer, he pillado otra vez la recopilación de ‘Más de cien poemas’ del Bartolo. Muy bien, muy bien, dan ganas de aprender alemán. Tengo entendido que Brecht se propuso entender cómo funcionaban los mercados financieros y que en algún momento de su seria investigación ‘ad maiorem gloriam proletariat’ se ralló y no quiso saber más. Un ‘cráneo previlegiado’ como él dando signos de flaqueza… extraño.
Las finanzas secan el alma pero mueven el mundo. Vampirizan la vida real. Parece que los sentimientos humanos en estos tiempos rudos apenas sobreviven para engordar las cuentas del Gran Capital. El enamorado habla más por teléfono, el enamorado es más propenso a hipotecas imposibles.
Otro que tal, García Lorca, también hablaba de Wall Street en ‘Poeta en Nueva York’:
‘Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!’
Ay, ay, Wall Street, menudo fregado. Lorca en plena crisis financiera, la del 29, que fue cuando escribió todas estas cosas. Al revés que Brecht, que proponía distanciamiento, sabiduría y dialéctica marxista, el de Granada prefería las entrañas de la mente retorcida, y hablaba de la macabra danza, que maquinal, había venido hasta el mundo nuevo. Aquel que versara con gracia sobre los asesinos trágicos envenenados de amores y de celos, parecía perder la esperanza al conocer la gran máquina sin mente. Del mismo poema:
‘De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.
Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos’.
La rueda olvida su fórmula. La bestia descabezada de la economía financiera estaba enferma entonces y lo está ahora. Aquellos que están mejor situados entre los que cabalgan en sus lomos y no bajo sus patas tienen previsto reunirse para curarla. Olé sus cojones. Marcharemos a su lado hacia una nueva definición de lo imprescindible.
Aún otro poeta contra los entramados financieros: el fascista Ezra Pound. Al parecer era un gran entendido en la materia y un defensor a ultranza de la economía real en contra del capitalismo, al que acusaba de todas las tropelías y guerras. Básicamente proponía volver a la antigüedad y a ese buen impulso y a esa juventud de las razas. Comprender que la vaca da la leche que da y que sus manchas y sus cuernos inspiran poemas y cuadros y dejarnos de negociar los derechos sobre los derechos de la leche que da la vaca, renegociados en el mercado y vendidos con el tanto por ciento de comisión. Y parece que el judio-comunista-hippie de Ginsberg supo perdonarle a Pound el amor por Mussolini, porque le dedicó el siguiente poema ‘Letanía de las ganancias de la guerra’, del que cito un trozo:
‘y estos son los nombres de los generales y capitanes militares, que así, ahora trabajan para los fabricantes de bienes de guerra;
y encima de éstos, por orden, los nombres de los bancos, combinados, trusts de inversión que controlan estas industrias:
Y estos son los nombres de los periódicos propiedad de estos bancos y estos son los nombres de las estaciones de radio propiedad de éstos combinados;
y estos son los números de miles de ciudadanos empleados por las citadas empresas;
y el comienzo de esta relación es 1958 y el final 1968, que la estadística sea contenida en una mente ordenada, coherente y definida (…)’
Que la estadística, el porcentaje, el pico de beneficio que el negocio de la guerra daba a los inversores y accionistas de las grandes masas de capital, sea contenida en una mente, etc. etc.
A estas horas de la noche, apenas me queda citar al Quevedo de ‘Poderoso caballero es don Dinero’.
El otro día vi en una exposición sobre la vanguardia durante la Gran Guerra un busto de mujer modelado sobre un obús (robado, encontrado sin detonar, quién sabe). Poemas de Apollinaire escritos en el frente. Dibujos de Dix: fosas comunes (macedonias de frutas) y explosiones.
Acabo esta galería de obsesiones con Brecht:
‘En los tiempos sombríos/¿se cantará también?/también se cantará/sobre los tiempos sombríos’


