Archivos para Febrero, 2009

Sonidos del retrofuturo

Febrero 28, 2009

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Neu! fue una banda fundamental dentro del sarpullido krautrock que apareció en Alemania a caballo entre los 60 y los 70. Les dejo aquí tres tutubos para su uso y disfrute. Hagan un click y olvidense de lo demás:

Neu!: Hallogallo

Neu!: Negativland

Neu!: Hero (live 74′)

Sin ellos ni Joy Division, ni David Bowie berlinés, ni ’sonido Eno’, ni muchas otras cosas que vinieron después.

Son el retrofuturo, como el pirulí de la Alexanderplatz. Eso me recuerda una pintada que leí en unos baños cochambrosos de un bar de abuelos: ‘el futuro está pasado de moda’.

Bigote

Febrero 10, 2009

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Recuperamos las etimologías. Bigote. Literal de la entrada de la WIKIPEDIA:

‘Su nombre proviene del término alemán“bei Gott” traducido como “¡Por Dios!, un juramento que hacían los soldados alemanes de Carlos V, mientras se llevaban la mano a la zona facial comprendida entre el labio superior y el corte de la nariz. El bigote, normalmente es mucho más fino que el mostacho, que se define como un bigote grueso, y que sin embargo deriva del vocablo italiano “mostaccio”.

Según el diccionario Crítico-etimológico de Joan Corominas, existía la costumbre extendida en toda Europa de blasfemar durante el siglo XV. Parece ser que los españoles relacionaron la blasfemia que proferían los barbados bajosajones al beber cerveza “Bî God!” ‘Por Dios’ con los mostachos de los mencionados tudescos a través de una metonimia’.

Contra la especialización

Febrero 3, 2009

Goethe, en ‘Las afinidades electivas’: “Se experimenta una sensación tan agradable al ocuparse de lo que sólo se es capaz a medias, que nadie debiera reprender al aficionado cuando se entrega a un arte que nunca aprenderá, ni censurar al artista su deseo de traspasar las fronteras de su arte y pasear por campos vecinos”.

Guy Debord, que combatió la especialización del trabajo con toda su mala baba, anotó en los ‘Comentarios sobre la sociedad del espectáculo’ lo siguiente: “En tales condiciones, vemos desencadenarse repentinamente y con alegría carnavalesca una parodia del fin de la división del trabajo, que halla tanto mejor acogida en cuanto que coincide con el movimiento general de desaparición de toda competencia verdadera. Un financiero se pone a cantar, un abogado se mete a gobernar, un cocinero se lanza a filosofar sobre los momentos de cocción como hitos de la historia universal”.

Hay curros alienantes, eso está claro. Lo que ocurre es que aquellos trabajos considerados como no-alienantes, los que permiten la autorrealización, son necesariamente los más especializados.

Todo funciona porque el talento, lejos de ser una fuerza transformadora, se condena cada vez con más fuerza a vivir en departamentos estancos.

La gente se acuerda mucho de Hitler, pero Wittgestein es uno de los peores malotes del siglo pasado. Quiso acabar con la filosofía, el muy jarto. Estableció que la única función de la filosofía es delimitar el campo de acción del resto de las ciencias, delimitar lo que se podía decir con sentido. Las matemáticas pueden hablar sobre esto, pero no de lo otro, etcétera. Uno no se puede exceder en sus atribuciones. Se acabó el proyecto de entender y explicar la totalidad, el mundo, tal y cual. Adiós al mezclar el tocino con la velocidad, adiós a los sistemas en plan wagneriano de Hegel o Marx, y a las espontáneas irracionalidades que se opusieron a éstos.

El jazz, esa música que nació en los prostíbulos, ha quedado como la música para entendidos por excelencia. Para músicos, para iniciados. Incluso si deseas ser cantante del peor género, si quieres ser considerado como tal, debes ‘especializarte’ en Operación Triunfo’. Y demostrarlo cada vez que te pongan un micrófono delante. O ser parte de alguna burbujita underground que nunca reventará.

Entretanto, los canarios siguen cantando en su jaula, sin ningún permiso ni privilegio, cada vez que en la cocina chifla la olla expréss. Incluso los labradores se atreven a cantar jotas en el campo.