Probablemente Elvis y Hitler todavía están vivos, pero yo me inclino a pensar que de todas las celebridades del pasado, el ‘fantasma’ que más probabilidades tengo de encontrar es el de JP Morgan.
Este señor, nacido en 1837, creó el banco de inversión con su mismo nombre, germen del actual JP Morgan & Chase, y General Electric. Dos ejemplos del capitalismo rampante y todopoderoso. También sobrevivió al Titanic: canceló su viaje en el transatlántico en el último momento. Fue una de sus empresas, por cierto, la que construyó el barco.
(A JP Morgan no le gustaban las fotos)
Pero no acaban aquí sus hazañas, tuvo un hijo, JP Morgan Jr. que se juntó con unos amigotes para cambiar el patrón oro por el patrón deuda. Esto consiste (para todo el mundo, no se vaya a creer que a usted no le afecta) que el valor del dinero se referencia a la deuda que conlleva. Me explico, el valor del dinero, a partir del triunfo de esta gente, es un porcentaje que tienes que devolver, es decir, devolverLES. Porque esta gente es la que emite el dinero, digamos, a través de la FED (uno de los inventos más conseguidos de la familia Morgan y compañía), nos dejan jugar un rato con él, y después lo tenemos que devolver con intereses.
La saga continuó, y un hijo de JP Morgan Jr. fundó con otros amigotes el banco de inversión Morgan Stanley, recientemente convertido en banco comercial para recibir ayudas del gobierno de los estados unidos. Los negocios de esta gente están tan vivos que parece que nunca se hubieran ido. De hecho, yo me imagino al señor JP Morgan en una recóndita mansión, frente a la chimenea, copa de cognac en una mano y periódico en la otra, riendo. Riéndose de ti.
