no me puedo quitar a la mujer de ayer de la cabeza
¿qué mujer?
la que te dije, la del baño de la estación de tren
ah, esa
estaba allí plantada, en medio del pasillo, con las filas de urinarios a los dos lados y los hombres meando
sí, ya sé, las viejecitas esas que hay en los retretes de las estaciones de tren y demás que te cobran por mear
no, ésta no era así. simplemente estaba para que los hombres no mearan fuera del tiesto, para que nadie se drogara o vete tú a saber
y para cobrar, ¿no?
no, no, había una máquina al principio para meter las monedas, una especie de torno. a lo mejor también estaba para vigilar que nadie se colara
había un corto de Polanski sobre esto, sobre una viejecita que estaba en unos retretes de hombres de Varsovia, y le venían recuerdos de la guerra, en plan flash-back
ya, lo he visto. pero ésta no era vieja. era una mujerona gorda de unos cuarenta años. tenía los ojos muy azules y miraba al frente, al fondo del pasillo. no miraba hacia ningún otro sitio porque entonces podría incomodar a alguien. mantener esa impasibilidad durante toda la jornada laboral… hay que tener más cojones que Buda debajo del árbol, creo yo.
puf, yo no puedo mear si alguien me mira.
yo tampoco. ya sólo con que haya alguien presente me corta el rollo. la tía lo sabía y ése, además de vigilar, era su verdadero cometido: estar sin estar. vaciarse de presencia.
tío, poetizas algo que es simplemente una putada.
ya te digo, qué putada.
